Seguridad corporativa e inteligencia corporativa

Seguridad corporativa e inteligencia corporativa: cuando en 2012 decidimos poner en marcha la Fundación Borredá nos fijamos el claro objetivo de servir a la seguridad nacional en todas sus manifestaciones, pero tuvimos el firme convencimiento desde el primer momento de que el espacio, al margen de la Seguridad Privada, que requería mayor atención era precisamente este.

La Seguridad Corporativa como contribución a la Seguridad Nacional

En efecto, la empresa es sin duda un elemento de vital importancia para la seguridad nacional. La propia Ley 36/2015, de Seguridad Nacional, afirma que la Seguridad Nacional debe ser considerada un objetivo compartido por las diferentes Administraciones, estatal, autonómica y local, los órganos constitucionales, en especial las Cortes Generales, el sector privado y la sociedad civil. Por eso establece en uno de sus artículos, que las entidades privadas deberán colaborar con las autoridades en este objetivo compartido, en general, cuando las circunstancias lo aconsejen y, en todo caso, los operadores de servicios esenciales y de infraestructuras críticas.

En nuestro último estudio sobre Seguridad Civil, dedicado a la seguridad en la empresa, desarrollamos las condiciones de esta colaboración, poniendo de manifiesto la capacidad de la Seguridad Corporativa para contribuir a la Seguridad Nacional. Porque la empresa participa en cada uno de sus componentes de forma evidente: tanto en la Defensa Nacional, como en la Seguridad Pública y en la Acción Exterior, sociedad civil y sector privado adquieren notable protagonismo.

Ana Borredá analiza los retos de la seguridad corporativa e inteligencia corporativa.

Amenazas híbridas y el nuevo frente de batalla en la empresa

La aparición de las amenazas híbridas demuestra que más allá de la defensa tradicional del espacio terrestre, marítimo y aéreo, cobra relevancia la defensa de dos nuevos escenarios: el ciberespacio y el espacio cognitivo, en los que se desarrollan las ciberamenazas contra los sectores productivos, contra los servicios esenciales y las empresas que los prestan, y contra la propia ciudadanía y su normal desempeño socioeconómico, incluyendo los fenómenos de desinformación, de fomento de la polarización, de agitación y propaganda tendente a favorecer el incremento del descontento social y de desapego al sistema institucional vigente.

Este tipo de agresiones de unos estados sobre otros, pueden llegar a tener un impacto desestabilizador tan fuerte como el de un ataque armado clásico, por lo que, por una cuestión de conveniencia operativa para el atacante que busca maximizar los daños de sus acciones, las grandes organizaciones públicas o privadas, y especialmente las grandes corporaciones empresariales prestadoras de servicios esenciales, son el objetivo predilecto para sus ataques.

Así, en estos nuevos conflictos geoestratégicos, una parte relevante del frente de batalla se sitúa directamente en los sistemas de seguridad de las empresas, con mayor sensibilidad cuanto más crítico es el servicio que prestan, y con una asimetría entre capacidades de actores paraestatales y capacidades de empresas privadas, claramente desfavorable para estas últimas y, por lo tanto, para los intereses del Estado atacado.

El entorno BANI y la necesidad de inteligencia corporativa

El entorno BANI (frágil, ansioso, no lineal e Incomprensible) en el que estamos inmersos, emocionalmente desafiante, porque enfatiza la fragilidad emocional y estructural del presente, las empresas deben establecer una especial protección frente a los riesgos cuyo origen pueda provenir del exterior de la organización, más difíciles de identificar y evaluar que los internos. Para identificar las amenazas como factores del exterior que pueden dañar nuestros activos, se necesitan procesos basados en técnicas específicas para obtener la información relevante que nos alerte sobre alguna intencionalidad dañina o identifique cualquier circunstancia que pueda dañar, o incluso destruir, la organización. En definitiva, se precisa inteligencia corporativa.

Disrupciones globales y tensiones geoestratégicas recientes

Recientemente hemos asistido a sucesos aparentemente de ámbito limitado, pero con gran impacto en la economía mundial: el mercado global de semiconductores se enfrenta a un suministro restringido debido al auge de la IA, con cuellos de botella recurrentes conforme aumente la demanda de chips para centros de datos y robótica.

El cierre del estrecho de Ormuz produjo la mayor disrupción de una ruta energética global desde al menos la crisis del petróleo de 1979, con efectos en precios energéticos, inflación, comercio mundial y especialmente en economías en desarrollo dependientes de importaciones.

La intervención USA en Venezuela, se plantea como un «test de estrés» para la capacidad europea de defender un orden basado en normas frente a la lógica de esferas de influencia y golpes preventivos, además de abrir interrogantes sobre si Estados Unidos podría aplicar una lógica similar en otros contextos como Groenlandia, lo que ha reavivado el debate sobre la autonomía estratégica europea frente a Washington.

La invasión de la plaza de Ceuta muestra el potencial de los flujos migratorios o de los Estados para desestabilizar a otros mediante invasiones, controladas o no, de su espacio territorial, con el consiguiente impacto para la gestión de su soberanía y la credibilidad de sus gobiernos.

Ana Borredá analiza los retos de la seguridad corporativa e inteligencia corporativa.

El Observatorio de Inteligencia y Ciberinteligencia Corporativa

En definitiva, este entorno BANI nos mueve a prestar apoyo a la Seguridad Corporativa apostando por el Observatorio de Inteligencia y Ciberinteligencia Corporativa, un espacio creado para analizar la situación de la Inteligencia y Ciberinteligencia Corporativa en España en todas sus dimensiones: conocer su estado real, identificar sus carencias, documentar sus avances y proponer marcos de referencia que eleven el nivel de la disciplina en las organizaciones públicas y privadas. Nace para compartir y generar conocimiento útil, riguroso y aplicable, y un espacio confiable.

Tratamos de encontrar y proponer fórmulas para que los Servicios de Inteligencia del Estado establezcan protocolos de comunicación y colaboración con las Unidades de Inteligencia de nuestras empresas, en la línea que nos mostraron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en sus programas de colaboración con la Seguridad Privada. Entretanto, las propias empresas deben tomar conciencia de sus vulnerabilidades y de la necesidad de incorporar estas Unidades a sus procesos de gestión de riesgos.

Pero también las pequeñas empresas deben integrarse en una comunidad de inteligencia corporativa que nos esforzaremos en desarrollar, de forma que, sumando esfuerzos, reforcemos la protección de todos. En este sentido, nuestro Observatorio pretende ser un catalizador de esta comunidad, aprovechando la capacidad de la Fundación Borredá para crear sinergias y espacios confiables.


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